viernes, 24 de octubre de 2008

Y nuestro vacío...en una nube.



Sintiendo como cae lentamente, se levanta dentro de la máquina.

¡No te detengas!...-dice él de lejos, se vuelve a caer.
A veces he llegado a pensar, que lo que dices no siempre es mentira.
Niegas fuertemente con la cabeza...de qué sirve, si ya le disparaste al pasajero de atrás.
Todos girando a tu alrededor, y aún no te contentas, llevas zapatos azules que se confunden con el cielo... ¿Qué más quieres?
Sin alas...por favor...sin alas
Conviérteme, transforma ideas en brisa insondable.
Y vuela....sin mí, aléjate. Bien, ahí está mejor.
No tienes un piso, pareces precipitar en un lugar, en ese lugar...donde no nos conocimos.
Y cuando menos lo esperes, ahí estaré...al lado tuyo...preguntándote la hora. Mirando el Sol y no la Luna... Queriendo un trébol en vez de una rosa, tirando al mar lo que no se puede olvidar...porque ya olvidé todo lo que se debe hacer.
Es una sala vacía, es un espectáculo sin risas, un funeral sin difunto, una primavera sin amor.
Conversemos...olvidemos lágrimas secas. Una nube nos detiene...
Un piano suena a los lejos, entre la melancolía desolada, y unos cuantos libros... reaparecen los violines y el acordeón. Caerán sobre nosotros, cuando haya pasado la nube. No te detengas, sigue...pero olvida nuestra melodía, camina rápido.
El tiempo no soportará tanto atraso...y si sigues así, ya te habré olvidado.
Deja este espacio libre de ideas...llévatelas y deja la llave...que ya es muy tarde para tus letras cansadas. Y en donde quieras que estés ahora...cuando mires esa nube nuevamente...mándame una carta.